viernes, 31 de octubre de 2008

Agradecimientos

Fede Fernández (http://foto-fede.blogspot.com/) me ha dedicado un agradecimiento/reconocimiento/premio en su blog, en una original forma de cadena, muy distinta de esas que nos piden que reenviemos mensajes sobre las maléficas propiedades de la Coca-cola. Esta es, entiendo, una cadena de cariño, agradecimiento y solidaridad por compartir esfuerzos en este mundo bloguero. Muchísimas gracias, Fede.

El agradecimiento no está exento de deberes, sino que tiene sus reglas, no os creáis. Son estas:

1.- Enlazar a la persona que nos invita que, como queda dicho, es http://foto-fede.blogspot.com/
2.- Enumerar seis cosas sin importancia que nos hagan felices
3.- Hacer constar las reglas (aquí están).
4.- elegir a seis personas para que continúen con el desafío
5.- Avisarles con un comentario en su blog

Elegir seis cosas sin importancia y que nos hagan felices es una contradicción: lo que nos hace felices es importante. Pero vamos a hacer el ejercicio:

1) Ver sonreir a una mujer bonita
2) Una tarde de café, confidencias y risas con los amigos.
3) Conseguir captar la atención de un niño
4) El mar, en todas sus formas.
5) Cantar un madrigal en cuarteto y que suene bien.
6) Tumbarme en la hierba a charlar, tomar el sol y oler el césped recién cortado.

And the winners are.........

Oli (http://quiero--descubrir-aprender-viajar.blogspot.com/), por sus ojos fascinantes, su alegría de vivir, su mirada especial y su bufanda de colores.

Sonia (http://conunpardesensores.blogspot.com/). Por su apoyo, por su originalidad y por su mezcla de conceptualismo y transgresión.

Ardilla Roja (http://ardilla-r0ja.spaces.live.com/), cuyos relatos me han hecho estremecer. Y por tantas cosas compartidas.

Luis (http://wwwlcgdigifoto.blogspot.com/), por ser, a la vez, compañero, maestro y buena gente. ¿Se puede pedir más?.

August (http://fotosaugust.blogspot.com/), por seguir mi trabajo y ayudarme con sus críticas.

Paco (http://cielosynubes.blogspot.com/), cuyas fotos jamás dejan de impresionarme.

lunes, 27 de octubre de 2008

Autumn leaves


Ademuz (Valencia), noviembre de 2007.


Aquella tarde de principios de otoño, Paula miraba distraídamente por el cristal de la ventanilla del autobús. Aunque sus ojos se dirigían hacia el exterior, se percataba muy poco de lo que ocurría en la calle. Sus pensamientos estaban muy lejos de allí.

Se dirigía en la línea número veintisiete hacia la consulta de su ginecólogo, a sufrir (Paula nunca había llevado bien las visitas a los ginecólogos) la preceptiva revisión periódica. Y a sus cuarenta y siete años, con tres hijos ya criados y un matrimonio que hacía agua por todas partes, se preguntaba qué sentido tenía acudir al médico a revisar sus genitales. Desde luego, tener otro hijo era algo que estaba absolutamente descartado. Y en cuanto al sexo, era escaso y pobre. Su marido, con el que se casó cuando era joven, inexperta y fácilmente ilusionable, hacía mucho que se contentaba con tener la comida en la mesa a su hora y el partido de fútbol en la televisión. Si, muy de tarde en tarde, le entraban ganas de sexo, era un puro desahogo para él que la dejaba a ella tan poco excitada como al principio pero con la moral mucho más baja que al empezar. Para Paula el único sexo placentero era, desde hacía tiempo, el sexo solitario.

Sólo esa conveniencia de controlar periódicamente el buen estado de las complicadas interioridades de su cuerpo la movía a dirigirse a la consulta. Por eso no es de extrañar que hiciera tiempo que faltaba a la cita con el ginecólogo. La pereza venía pudiendo últimamente más que el sentido del deber. Visto el poco uso que hacía de sus genitales, ningunas ganas tenía de someterlos a la desagradable inspección del médico.

La llegada del autobús a la parada la sacó de sus cavilaciones sobre la futilidad de la visita, saltó del asiento sobre sus zapatos de tacón y descendió del vehículo. El autobús se detuvo junto a un parque. De modo instintivo, más por costumbre que por coquetería, se agachó hasta la altura del retrovisor de un coche estacionado, comprobó el buen estado de su peinado, se pintó levemente los labios y se dirigió a la consulta.

Durante los cincuenta y seis minutos de espera pudo repasar el estado del corazón y otras vísceras de toda la realeza europea, famosos, famosillos y variopintas parejas de todos ellos. Y se preguntó, una vez más, por qué siempre hay que esperar en la consulta del médico, de cualquier médico, a pesar de estar citada a una hora muy concreta. Finalmente, con alivio, llegó su turno.

El ginecólogo era, a estas alturas, un viejo conocido. Había traído al mundo a sus dos hijos y acudía a su consulta con la regularidad exigida por los protocolos. Pero durante su caviloso viaje en autobús y la tediosa espera no había recordado lo escandalosamente guapo que era. Su particular Richard Gere era más atractivo que aquél Doctor T de Robert Altman. Moreno, pero con menos canas, las justas para dar a su cara joven un interesante toque de madurez. Sin la irrealidad de un galán de Hollywood, con esas deliciosas imperfecciones que lo hacían auténtico y humano; y con una irresistible mezcla de sensibilidad, amabilidad, profesionalidad y magnética virilidad.

Esa antigua relación hacía que el ginecólogo siempre le preguntara por sus hijos y su estado en general. Pero esta vez no inquirió por la familia. Cuando ella entró en su despacho, alzó la cabeza de los papeles en los que estaba anotando el seguimiento de la paciente anterior y al verla se levantó sonriente a estrecharle la mano y darle un par de besos. Charlaron un rato sobre cómo le iba la vida. Y él le declaró, muy sonriente, que la encontraba magnífica, muy guapa, que le favorecía mucho su nuevo peinado con mechas rubias.

A continuación, para realizarle la exploración, le pidió que se desnudara completamente. Aunque las órdenes de los médicos se acatan siempre sin discusión por los sumisos pacientes, Paula no pudo por menos que manifestar su extrañeza y él le aclaró que llegada esa edad y, además, dado que hacía tiempo que no la reconocía, era también conveniente hacer un examen completo de mamas. Y allí se encontró, completamente desnuda junto a aquél atractivo varón, explicándole los pormenores de sus sofocos, cuando en realidad toda ella era un sofoco en ese momento.

Cuando por fin terminó se despidieron muy amablemente. Ella no pudo dejar de pensar en que había sido un encuentro muy inusual, tanto por el tono más que agradable del médico como por su insólita desnudez durante el reconocimiento. ¿Sería posible que en las palabras y actitud de este guapísimo y encantador médico hubiera algo más que amabilidad profesional?. Es verdad que su actual peinado, corto y con mechas rubias, la favorecía y destacaba el bonito color miel de sus ojos. Y también lo era que, pese al paso del tiempo, su cuerpo se conservaba francamente bien. Pero, realmente, nada justificaba esos pensamientos. Salió del despacho del médico, se dirigió a la enfermera del mostrador y, mientras acababa de pagar y salía por la puerta, se sacudió esas ridículas ideas de la cabeza. Se dijo que, en el fondo, nada había pasado y que era su imaginación, deseosa de que ocurriera algo en su vida anodina, la que estaba creando fantasías sin pies ni cabeza.

Y como estaba enfrascada en esos pensamientos, salió de la consulta sin girar la cabeza. De haberlo hecho, hubiera visito al ginecólogo de pie en la puerta de su despacho, contemplándola cruzar la sala de espera, pagar y salir por la puerta, con una amplia sonrisa y una mirada con un punto de malicia.




Autumn leaves, Miles Davies & John Coltrane

Gracias a ElSinTierra (http://elsintierra.blogspot.com/), de uno de cuyos posts he copiado descaradamente el título y tomado el enlace a la excelente versión de este clásico. Y gracias a la buena amiga que me contó la historia que ha servido de inspiración para el relato.

jueves, 23 de octubre de 2008

Puertas (II)



Hay tantas puertas como casas. O como personas. O como estilos. O como vidas.

Aquélla custodiaba la inviolabilidad y los tesoros del templo. Esta, los útiles del pescador.

Playa de Las Salinas, Cabo de Gata, Almería, mayo de 2008

domingo, 19 de octubre de 2008

HDR


Vuelvo a la carga con otro trocito de Irlanda. Es mi primer HDR, que ya era hora de que probara ese invento con siglas extrañas.


Me parece que el resultado es tan extraño y poco natural como las siglas, pero hay que experimentar para avanzar.


Venga, a opinar.


viernes, 17 de octubre de 2008

Puertas (I)


La vieja puerta de la Iglesia de Santo Tomás Apóstol, contempla impávida el jaleo a la salida de un bautizo, bañada por el lánguido sol del invierno. (Esto me ha salido un poco cursi, ¿no?).
Sin procesar.

Valencia, 10 de diciembre de 2007


jueves, 16 de octubre de 2008

Soledad

Esta mañana me he despertado con Soledad en mi cama. Me acosté con ella, pero ya tarde, con sueño y había olvidado su presencia.

Mientras desayunaba y me aseaba, ella ha estado paseando por casa. Es silenciosa y prácticamente invisible pero, sin embargo, cuando estaba en la ducha, su ruido atronaba mis oídos como una tempestad.

No quería estar con Soledad, pero era necesario invitarla. Tenerla conmigo, mirarla a los ojos. Acostumbrarme a su presencia y poder así atender, con calma, a mis sentimientos y pensamientos; a mis deseos y a mis miedos.

No sé cuánto tiempo se quedará en casa. Quizás nuestra relación se mantenga distante, quizás empiece a coquetear con ella e irnos juntos de paseo. Quizás viva con ella el resto de mi vida. Ya se verá.

De momento, discreta como es, espero que me deje reflexionar todo lo que necesito. Sólo tengo que evitar que por huir de su presencia, a veces agobiante, acabe haciendo lo que no debo, lo que de verdad no quiero.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Posar (II)




Bueno, pues después de colgar el anterior post se me ha ocurrido virar a sepia y poner un marco. ¡Lo he hecho yo solito! Aquí está.

Posar




¿Por qué nos cuesta tanto posar? ¿Porque, en el fondo, no nos gustamos reflejados en el espejo? ¿Tampoco se gustan los guapos? Qué difícil -y qué gratificante para el fotógrafo- es encontrar a esa persona que mira con tranquilidad, no digo ya con seducción, a la cámara.

Desde luego, la niña lo tiene muy claro: de posar, nada. La mujer parece más segura de sus encantos, o ha llegado a controlarse mejor, o simplemente se encuentra a gusto. A saber.


Kadar (http://kadar.es/), 27 de julio de 2008

lunes, 13 de octubre de 2008

Otoño


Esta es una de las primeras fotos que tomé con la cámara digital. Yo no sabía entonces nada del formato raw, ni de espacios de color, ni de exponer para las luces y sobreexponer, ni de desenfoques gaussianos... así que la foto se tomó en jpg, tamaño medio y vete a saber si con los ajustes en automático. Claro está, no he podido procesarla apenas. Pero me gustan esos colores del otoño.


Ademuz (Valencia), noviembre de 2007

domingo, 5 de octubre de 2008

Contrastes



Contrastes cromáticos (el negro sobre el blanco, el blanco contra el cielo), pero también de otra índole.



La iglesia de la playa, casi en primera línea, contrasta con los cuerpos veraniegos apenas cubiertos por bikinis. Y su repique llamando a misa de ocho contrasta con la indolencia de los veraneantes, que a esa hora se preparan para salir de cena, se untan con after sun o descansan en la terraza.



Playa de Oliva (Valencia)
Agosto de 2008



viernes, 3 de octubre de 2008

Ocaso



Cala Saona, Formentera, 18-9-2008