Esta mañana me he despertado con Soledad en mi cama. Me acosté con ella, pero ya tarde, con sueño y había olvidado su presencia.
Mientras desayunaba y me aseaba, ella ha estado paseando por casa. Es silenciosa y prácticamente invisible pero, sin embargo, cuando estaba en la ducha, su ruido atronaba mis oídos como una tempestad.
No quería estar con Soledad, pero era necesario invitarla. Tenerla conmigo, mirarla a los ojos. Acostumbrarme a su presencia y poder así atender, con calma, a mis sentimientos y pensamientos; a mis deseos y a mis miedos.
No sé cuánto tiempo se quedará en casa. Quizás nuestra relación se mantenga distante, quizás empiece a coquetear con ella e irnos juntos de paseo. Quizás viva con ella el resto de mi vida. Ya se verá.
De momento, discreta como es, espero que me deje reflexionar todo lo que necesito. Sólo tengo que evitar que por huir de su presencia, a veces agobiante, acabe haciendo lo que no debo, lo que de verdad no quiero.
2 comentarios:
Huy! veo que ya vas dándole razones al nombre de tu blog. Me gusta.
Muy bien escrito. Ni le falta, ni le sobra nada. Como dicen los franceses, rien à signaler :-)
En todo caso decirte, que no es tan malo compartir algún rato con ella, te ayuda a tomar perspectiva de las cosas. Lo que si es malo, es preferirla como compañera, pese a que ella sea la única que no te falle.
No sé que más decirte?
kiss
Bueno, es uno de esos textos que te salen de un tirón en un día extraño en el que las entrañas te piden sacar como sea lo que hay dentro.
Me alegro de que te guste. Gracias por el comentario y los besos.
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